El vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Germán Pinazo, advirtió que el presupuesto proyectado para 2026 consolida un recorte del 34% respecto de 2023 y deja a la Argentina con el menor nivel de financiamiento universitario de América Latina.
El sistema universitario argentino enfrenta un escenario crítico de cara a 2026. Así lo advirtió Germán Pinazo, vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) e investigador del Conicet, al analizar el impacto del presupuesto aprobado para el próximo año, que consolida un recorte histórico en los fondos destinados a las universidades nacionales.
Según explicó, la proyección presupuestaria implica un congelamiento nominal de los recursos, sin actualizaciones que compensen la inflación acumulada. “Lo que supone esta aprobación es básicamente congelar el presupuesto y llevarlo al año que viene sin ningún aumento. Eso fija el gasto universitario en apenas el 0,47% del PBI, el nivel más bajo de los últimos 21 años”, sostuvo.
Pinazo remarcó que este recorte coloca a la Argentina en una situación inédita en la región. “Es el gasto público en universidades más bajo de toda América Latina, siendo uno de los sistemas universitarios más grandes del mundo. Chile, por ejemplo, va a destinar el doble, aunque allí ocho de cada diez estudiantes asisten a universidades privadas”, comparó.
En ese marco, el vicerrector calificó la política del Gobierno de Javier Milei como “un ataque de destrucción al sistema universitario” y aseguró que no se trata de una medida aislada, sino de una estrategia sostenida. “Es una política sistemática y coherente, que eligió al sistema educativo y científico como uno de sus enemigos”, afirmó.
Si bien aclaró que el impacto inmediato no se traduce todavía en cierres masivos de universidades, advirtió que las consecuencias serán profundas y de largo plazo. “Las universidades siguen abiertas y no vamos a dejar de trabajar, pero el daño estructural ya está en marcha y va a llevar años revertirlo”, señaló.
Pinazo también puso el foco en la situación salarial del personal docente e investigador. “Hoy, una persona con doctorado en química que viene a formar estudiantes cobra lo mismo que un paseador de perros que trabaja cinco horas por semana. Eso, inevitablemente, resiente el sistema”, ejemplificó.
El deterioro, explicó, ya se refleja en la dificultad para cubrir cargos docentes y sostener equipos de investigación. “Hacemos búsquedas y quedan vacantes. La universidad se está deteriorando a niveles que después son muy difíciles de recomponer”, alertó.
Finalmente, advirtió sobre la pérdida de recursos humanos altamente calificados. “Doctorar a alguien implica años de inversión de la sociedad argentina. Con este desfinanciamiento, por cinco monedas se lo puede llevar una empresa privada extranjera, para que ese conocimiento termine aportando al bienestar de otro país. Es una tragedia lo que está pasando”, concluyó.



