31 enero, 2026
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UN BANCO CHINO AYUDÓ A PAGAR DEUDA Y DEJÓ EN EVIDENCIA LA DEPENDENCIA FINANCIERA QUE MILEI PROMETIÓ ROMPER

El Gobierno logró cumplir con los vencimientos de deuda de enero gracias a una operación financiera por USD 3.000 millones, pero el dato más relevante no fue económico sino político. Entre los bancos que participaron del repo encabezado por el Ministerio de Economía apareció el Bank of China, un actor central del sistema financiero chino, en contraste con el alineamiento geopolítico que Javier Milei prometió profundizar con Estados Unidos.

La operación fue liderada por entidades occidentales como Santander, BBVA y Deutsche Bank, que aportaron alrededor de USD 680 millones cada una, junto a Goldman Sachs y JPMorgan. Según información de Bloomberg, el Bank of China contribuyó con USD 100 millones, un monto menor en términos relativos, pero significativo por su peso simbólico y estratégico.

La presencia de un banco chino en la mesa de Wall Street llamó la atención en un contexto en el que la Casa Blanca, bajo la influencia de Donald Trump, impulsa una estrategia explícita para reducir la influencia de Beijing en América Latina. De hecho, el propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, había hablado de la necesidad de “sacar a China de la Argentina”.

En el mercado, sin embargo, la operación fue leída como una consecuencia lógica de la fragilidad financiera del país. Analistas señalaron que, ante la imposibilidad de volver a emitir deuda en los mercados internacionales, Argentina se ve obligada a recurrir a mecanismos costosos para cubrir vencimientos que en otras circunstancias se refinanciarían con deuda de más largo plazo.

Economistas consultados advirtieron que el repo deja una señal negativa sobre la sostenibilidad del plan económico. La falta de reservas y la dificultad para reabrir el acceso al crédito externo exponen los límites del esquema cambiario y refuerzan la percepción de riesgo de cara a los próximos años.

Un 2026 atravesado por la “paciencia china”

Más allá del vencimiento inmediato, el Gobierno necesita sostener una relación financiera estable con China para atravesar 2026, un año marcado por una fuerte concentración de compromisos de deuda. Según estimaciones privadas, los vencimientos rondan los USD 20.000 millones, equivalentes a cerca del 3,6% del PBI.

El Fondo Monetario Internacional observa con atención dos frentes vinculados a China. Por un lado, la renovación del swap de monedas con el Banco Popular de China, clave para evitar una caída abrupta de las reservas del Banco Central. En 2025, Beijing aceptó refinanciar el tramo activado del swap por USD 5.000 millones, postergando el pago de capital hasta junio de 2026.

Por otro lado, el FMI advierte sobre los riesgos asociados a los atrasos en proyectos de infraestructura financiados por bancos chinos, como las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en Santa Cruz. Un incumplimiento contractual podría activar cláusulas de default cruzado y afectar otras líneas de crédito internacionales.

En este escenario, mientras el discurso oficial insiste en una reorientación estratégica hacia Estados Unidos, China continúa siendo un acreedor clave. Lejos de haber sido desplazado, el gigante asiático aparece como una pieza central para evitar un shock financiero en 2026 y sostener la frágil estabilidad del programa económico.