BYD arribó al puerto de Zárate con miles de vehículos eléctricos e híbridos bajo el régimen sin aranceles. Mientras avanzan las importaciones, la producción local sigue en retroceso y se profundizan las suspensiones y ajustes en las terminales argentinas.
Este lunes amarró en el puerto de Zárate un buque de la automotriz china BYD con más de 5.000 autos eléctricos e híbridos a bordo. El arribo, el primero de gran escala de la firma asiática hacia la Argentina, volvió a encender el debate sobre el impacto de las importaciones en un contexto de fuerte deterioro de la industria automotriz local.
El buque BYD Changzhou, que partió desde Singapur y forma parte de una flota propia diseñada para transportar vehículos sin intermediarios, llegó al país bajo el régimen que habilita la importación de autos híbridos y eléctricos sin pagar el arancel extrazona del 35%. El volumen no es menor: las unidades desembarcadas representan cerca del 10% del cupo anual de 50.000 vehículos previsto por ese esquema.
El mecanismo, impulsado por el Gobierno como parte de su estrategia de apertura comercial, no tardó en generar polémica. El diputado Miguel Ángel Pichetto cuestionó duramente la importación de vehículos chinos y advirtió que se trata de “una pérdida de dólares que destruye el trabajo argentino”, al tiempo que señaló la dificultad de competir contra una industria fuertemente subsidiada por el Estado chino.
Desde el Ministerio de Economía, el ministro Luis “Toto” Caputo salió a responder las críticas. Aseguró que el régimen fue consensuado con las terminales automotrices, recordó que el límite anual es de 50.000 unidades y que solo la mitad puede provenir de China. Además, sostuvo que ese volumen representó menos del 5% del total de patentamientos registrados durante 2025.
Mientras tanto, la situación de la industria automotriz argentina sigue siendo delicada. Tras un 2025 marcado por la caída de la actividad y el impacto de la crisis económica, el comienzo de 2026 no muestra señales claras de recuperación. General Motors confirmó que mantendrá las suspensiones mensuales en su planta de General Alvear, en Santa Fe, con salarios reducidos al 75% durante los períodos de parada.
Desde la empresa aseguran que se trata de un esquema programado que no afecta la producción planificada, pero los gremios advierten que el funcionamiento intermitente profundiza la incertidumbre laboral. La planta opera actualmente al 50% de su capacidad y emplea a unos 600 trabajadores.
El sindicato SMATA alertó que las suspensiones responden a una “caída estrepitosa” de las ventas y que la situación se agrava por la baja de exportaciones hacia Brasil, especialmente de modelos como la Tracker. A esto se suman retiros voluntarios, despidos y recortes que vienen reduciendo la dotación del sector desde 2024.
El contraste es cada vez más marcado: de un lado, barcos cargados con miles de vehículos importados; del otro, una industria nacional golpeada, con plantas semiparalizadas y sin un horizonte claro de recuperación. En ese escenario, el arranque de 2026 aparece para el sector automotor tan complejo —o incluso más— que el año anterior.



