Con más de 35.000 hectáreas arrasadas y focos activos en el Parque Nacional Los Alerces, brigadistas combaten el fuego en condiciones extremas mientras el Presidente prioriza actos partidarios y la “Derecha Fest” en Mar del Plata, en una postal que expone la distancia entre la emergencia ambiental y la agenda política del Gobierno.
Mientras la Patagonia vuelve a quedar envuelta en humo y cenizas, con miles de hectáreas arrasadas por incendios forestales fuera de control, el presidente Javier Milei eligió iniciar en la costa atlántica su “Tour de la Gratitud”, una gira proselitista que combina actos partidarios, festivales libertarios y apariciones de campaña. El contraste no podría ser más crudo: brigadistas peleando contra el fuego en condiciones extremas y, a más de 1.500 kilómetros, un jefe de Estado subido a una camioneta con megáfono para agradecer votos.
En Chubut, la emergencia volvió a escalar en los últimos días con focos reactivados dentro del Parque Nacional Los Alerces y en zonas cercanas como Villa Lago Rivadavia y Cholila. Las llamas ya afectaron más de 35.000 hectáreas de bosques nativos, matorrales y campos. Las altas temperaturas, la sequía prolongada y ráfagas de viento que superan los 50 kilómetros por hora complican el trabajo de brigadistas y bomberos, que operan en terrenos montañosos, con escasez de agua y recursos limitados.
Los equipos técnicos describen un escenario “extremo”: frentes que cambian de dirección, focos secundarios que se reactivan y dificultades para utilizar medios aéreos en varios sectores. Cada jornada es una carrera contrarreloj para evitar que el fuego avance sobre viviendas, comunidades y áreas protegidas de altísimo valor ambiental. El costo ecológico ya es enorme, y el humano, potencial.
Sin embargo, la prioridad política del Gobierno parece estar lejos del sur.
Este lunes por la noche, Milei desembarca en Mar del Plata para relanzar su agenda territorial con un acto en la esquina de Güemes y Avellaneda, primera parada de su “Tour de la Gratitud”. La iniciativa, presentada como un gesto de cercanía con el electorado, incluye recorridas con militantes, discursos de tono electoral y la participación en la llamada “Derecha Fest”, un festival libertario con referentes ideológicos del oficialismo.
El presidente llega tras su paso por el Foro Económico Mundial en Davos y, en lugar de encabezar una coordinación federal ante la emergencia ambiental, opta por una agenda que mezcla campaña, espectáculo y fotos con figuras afines. El martes incluso asistirá al show teatral de su expareja, Fátima Florez, en otra postal que refuerza la sensación de liviandad frente a un problema grave.
La escena revela una lógica conocida: mientras los territorios periféricos enfrentan catástrofes concretas, la Casa Rosada prioriza la construcción simbólica y la fidelización de su base política. El “agradecimiento” a los votantes parece pesar más que la gestión de una crisis que exige presencia estatal, coordinación interjurisdiccional y recursos urgentes.
En un país atravesado por incendios cada vez más frecuentes e intensos, la ausencia política también es una forma de decisión. Cada helicóptero que no despega, cada brigada insuficiente, cada presupuesto recortado se traduce en más bosque perdido. Y en ese contexto, la postal de Milei celebrando con la “derecha fest” resulta difícil de justificar.
Mientras en Mar del Plata hay escenario, luces y megáfono, en la Patagonia hay humo, cenizas y brigadistas exhaustos. Dos Argentinas conviven el mismo día. La pregunta es cuál está gobernando el Presidente.



