El Indec registró un 32,3% de pobreza y un 7,5% de indigencia en el primer semestre de 2026. Son unos 2 millones de pobres y medio millón de indigentes más que a fines de 2025. Mediciones alternativas advierten que el impacto podría ser todavía mayor.
La recuperación social que el Gobierno de Javier Milei exhibió como uno de los resultados de su programa económico volvió a quedar en cuestión. Durante el primer semestre de 2026 aumentaron tanto la pobreza como la indigencia, según los datos oficiales del Indec, y el deterioro alcanzó a millones de hogares.
La pobreza llegó al 32,3% de la población, lo que representa alrededor de 15 millones de personas. El registro implica un salto de 4,1 puntos porcentuales frente al 28,2% de fines de 2025 y significa que unas 2 millones de personas ingresaron en esa situación durante los primeros seis meses del año.
La indigencia también avanzó. El 7,5% de la población, unos 3,5 millones de personas, no logró reunir ingresos suficientes para cubrir una canasta básica alimentaria. El indicador había sido del 6,3% en el segundo semestre de 2025, por lo que alrededor de medio millón de personas se sumaron al universo de indigentes.
LA INFLACIÓN VOLVIÓ A EMPUJAR A LOS HOGARES HACIA LA POBREZA
El deterioro se produjo en un contexto en el que la inflación volvió a ejercer presión sobre los ingresos. Durante el primer trimestre, el aumento de precios promedió el 3% mensual, elevando el monto necesario para que una familia pudiera superar las líneas oficiales de pobreza e indigencia.
De acuerdo con el Indec, una familia tipo necesitó $1.440.395 durante el primer semestre para no ser considerada pobre, mientras que requirió $669.098 para cubrir la canasta básica alimentaria y no caer en la indigencia.
El problema no estuvo solamente en el aumento del costo de vida. El informe también vincula el deterioro con la evolución de los ingresos y las dificultades de una parte de la población para conseguir empleos adecuados, en un escenario atravesado por la destrucción de puestos de trabajo y el cierre de empresas.
La combinación de salarios que pierden capacidad de compra, empleo precario y aumento del costo de bienes y servicios terminó impactando sobre los indicadores sociales.
CASI LA MITAD DE LOS MENORES DE 14 AÑOS ES POBRE
Uno de los datos más preocupantes aparece entre los niños y niñas. El 44,5% de los menores de 14 años vive en hogares por debajo de la línea de pobreza, frente al 41,3% registrado a fines de 2025.
La infancia continúa así como el grupo etario más afectado por la vulnerabilidad económica. Mientras que la pobreza alcanzó al 36,9% de las personas de entre 15 y 29 años y al 28,8% de los adultos de 30 a 64 años, entre los menores de 14 años el porcentaje se ubicó muy por encima del promedio general.
El dato vuelve a poner en primer plano el impacto que tienen el deterioro de los ingresos y la precarización laboral sobre los hogares con menores a cargo.
LAS MEDICIONES ALTERNATIVAS ADVIERTEN UN ESCENARIO MÁS GRAVE
El porcentaje difundido por el Indec también es cuestionado por especialistas y centros de estudio que señalan problemas metodológicos en la forma en que se calcula la pobreza.
La consultora Equilibra estimó que, aplicando determinadas correcciones, la pobreza habría alcanzado al 44,9% de la población durante el primer semestre de 2026. La Universidad Nacional de Moreno, por su parte, calculó un 44,1% para el primer trimestre.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) proyectó un escenario intermedio: 40% de pobreza y 12,3% de indigencia, aunque sostuvo que el indicador podría llegar al 43% si además se actualizara la canasta utilizada para determinar el umbral.
Entre los cuestionamientos aparece la antigüedad de los patrones de consumo utilizados para construir la Canasta Básica Total. La metodología oficial toma como referencia pautas relevadas en 2004/2005, mientras que el Indec ya cuenta con información de consumo correspondiente a 2017/2018 que todavía no utiliza para este cálculo.
También existen observaciones sobre la forma en que la Encuesta Permanente de Hogares registra los ingresos. En períodos de inflación elevada, señalan los especialistas citados en el informe, aumenta la dificultad de los hogares para declarar correctamente cuánto perciben.
LA POBREZA CAMBIÓ DE TENDENCIA
Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA remarcaron que el dato no debe analizarse únicamente por su magnitud, sino también por el cambio de tendencia.
La pobreza había descendido desde los niveles récord alcanzados durante 2024. Sin embargo, los registros muestran ahora una secuencia ascendente que comenzó en el tercer trimestre de 2025 y se profundizó durante la primera mitad de 2026.
Para la UCA, incluso considerando las limitaciones de la medición oficial, el hecho de que la pobreza vuelva a crecer resulta significativo.
El organismo también advierte que existe un núcleo estructural de pobreza que ronda el 30% de la población y una pobreza extrema cercana al 7%, vinculadas no solo con la inflación sino también con problemas acumulados de empleo, salarios, productividad, educación, vivienda, servicios y protección social.
SIN LA ASISTENCIA ESTATAL, LA INDIGENCIA SERÍA AÚN MAYOR
Las transferencias sociales continúan funcionando como una contención fundamental para los hogares de menores ingresos. Las simulaciones del Observatorio de la Deuda Social muestran que si se excluyeran del ingreso familiar la AUH, otros programas sociales y las pensiones no contributivas, la indigencia prácticamente se duplicaría.
En ese escenario, el indicador podría ubicarse entre el 14% y el 15% de la población.
El dato expone el peso que tienen las políticas de asistencia para evitar un deterioro todavía mayor, pero también deja planteado el problema de fondo: esas transferencias no alcanzan para resolver las condiciones estructurales que reproducen la pobreza.
La informalidad laboral, los bajos salarios, la falta de productividad, las dificultades de acceso a la vivienda y la desigualdad en el acceso a servicios básicos aparecen entre los factores que sostienen ese núcleo de vulnerabilidad.
Así, mientras el Gobierno defendió durante 2025 una mejora de los indicadores sociales como consecuencia de su programa económico, los nuevos datos oficiales muestran que esa tendencia se frenó y comenzó a revertirse. Y las mediciones alternativas plantean que el alcance real del deterioro podría ser incluso mayor que el reflejado por las estadísticas oficiales.



