El EMAE registró una baja mensual del 0,4% y encendió alertas entre analistas. Aunque el Indec evitó hablar de recesión tras revisar datos previos, la dinámica reciente muestra enfriamiento en los sectores ligados al empleo y al mercado interno.
La economía argentina mostró en octubre una nueva señal de debilidad. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, registró una caída mensual del 0,4%, al tiempo que mantuvo una suba interanual del 3,2%. La combinación de ambos datos dejó una lectura ambigua: la comparación anual sigue en terreno positivo, pero el pulso más reciente de la actividad comienza a mostrar signos de agotamiento.
El crecimiento interanual continúa explicado en buena medida por la baja base de comparación de 2024, un año marcado por la recesión y el ajuste. Sin embargo, en el margen, la economía volvió a tropezar luego de una secuencia errática de meses, lo que encendió luces amarillas entre consultoras y analistas de mercado. Según evaluaciones privadas, la serie desestacionalizada se mantiene prácticamente estancada y el retroceso mensual refuerza la idea de una recuperación que pierde fuerza.
El desempeño sectorial profundiza esa lectura. La intermediación financiera volvió a liderar los avances, impulsada más por la volatilidad de tasas y los márgenes del sistema que por una expansión del crédito productivo. En contraste, los sectores más vinculados al empleo y a la demanda interna mostraron retrocesos. La industria manufacturera cayó cerca del 1% interanual, la administración pública retrocedió 0,7% y hoteles y restaurantes bajaron otro 1%. En conjunto, estas actividades restaron más de medio punto porcentual al resultado agregado del EMAE.
En términos acumulados, la actividad económica aún muestra una suba cercana al 5% en lo que va del año, aunque incluso ese número comenzó a corregirse a la baja respecto de meses anteriores. La explicación es conocida: la comparación contra un año recesivo sigue inflando los porcentajes, pero debajo de esa superficie la economía real exhibe señales de fatiga, especialmente en el consumo y la producción industrial.
Las expectativas hacia adelante también reflejan un cambio de clima. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina recortó las proyecciones de crecimiento y varias consultoras advierten que el arrastre estadístico hacia 2026 sería menor al previsto meses atrás.
A este escenario se suma la revisión metodológica aplicada por el Indec sobre los datos de actividad de meses previos, que permitió suavizar la secuencia de caídas y evitar que se configure técnicamente una recesión. Sin esa corrección, la acumulación de bajas mensuales consecutivas habría dejado al Gobierno frente a un diagnóstico más incómodo en el cierre del año. En el mercado recuerdan que, más allá de las definiciones técnicas, el EMAE funciona como un termómetro anticipado del Producto Interno Bruto y que una caída persistente suele trasladarse al PBI con rezago.
Así, aunque el año podría cerrar con crecimiento positivo en términos estadísticos, el patrón que se consolida es cada vez más desigual: avanzan las finanzas y los sectores ligados a recursos naturales, mientras la industria, el consumo y el empleo continúan perdiendo dinamismo.



