28 octubre, 2026
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LULA GANÓ CON LOS VOTOS QUE NADIE ESTABA MIRANDO

Un informe de la consultora Episteme reconstruye de dónde salieron los 6,66 millones de votos que dieron vuelta la elección brasileña. La remontada no se explica por el electorado de Flávio Bolsonaro ni por los votantes de los terceros: se explica por quienes en primera vuelta habían votado en blanco, anulado o directamente no habían ido a votar.

Durante tres semanas, la pregunta que ordenó la campaña brasileña fue a quién iban a votar los 9,3 millones que el 4 de octubre habían elegido a un candidato que no llegó al balotaje. Los comandos de campaña se los disputaron, las encuestas los midieron y los analistas los convirtieron en la llave de la elección. El resultado del domingo muestra que se estaba mirando el lugar equivocado.

Luiz Inácio Lula da Silva ganó con el 51,79% de los votos válidos —64,26 millones contra 59,83 de Flávio Bolsonaro— y dio vuelta una desventaja de 2,2 millones de la primera vuelta. Es la primera vez desde que Brasil tiene balotaje, en 1989, que quien sale segundo el primer domingo termina ganando la presidencia. Pero el dato más interesante no es que lo dio vuelta, sino con qué votos lo hizo.

Según el informe de coyuntura electoral elaborado por Episteme, consultora argentina de opinión pública y estrategia electoral que analizó los resultados de los 94.539 locales de votación del país, los votantes de los terceros terminaron siendo prácticamente irrelevantes para el giro. La elección se definió entre quienes en primera vuelta no habían elegido a nadie.

La bolsa que no movió la aguja

Entre una vuelta y otra, Lula sumó 10,38 millones de votos y Flávio, 3,72. La diferencia entre los dos cambió, por lo tanto, en 6,66 millones. La pregunta es de dónde salió cada uno.

La respuesta de Episteme desarma el sentido común de la campaña. Los votantes de los terceros se partieron casi exactamente al medio: 3,77 millones fueron a Lula, 3,76 a Flávio y 1,68 votaron en blanco o anularon. Su aporte neto a la diferencia fue, en términos prácticos, cero. El reparto por candidato fue el esperable: los votantes de Cury se inclinaron por Lula, los de Caiado y Zema fueron a Flávio y los de Renan Santos se dividieron.

La sorpresa estuvo en otro lado. De los casi 6 millones de brasileños que el 4 de octubre habían votado en blanco o anulado, 4,56 millones votaron a Lula el 25. A Flávio no fue prácticamente ninguno. Entre quienes habían votado en blanco, 93 de cada 100 eligieron a Lula; entre quienes habían anulado, dos de cada tres. Ese grupo aporta 4,55 de los 6,66 millones de giro: casi el 70% de la remontada.

La segunda fuente fue la participación. Al balotaje fueron 3,67 millones de personas que no habían votado en primera vuelta, y de las que eligieron candidato, casi nueve de cada diez votaron a Lula. Su aporte a la diferencia fue de 2,01 millones. La participación subió 1,9 puntos entre vueltas, de 78,9% a 80,8%, contra apenas 0,4 en 2022: en un país donde la concurrencia casi no se mueve entre el primer y el segundo domingo, esta vez se movió y lo hizo a favor del oficialismo.

Lo que esconden los números netos

Uno de los aportes más finos del informe es mostrar por qué esta historia no se veía en los resultados agregados. El voto en blanco y nulo bajó apenas 1,82 millones entre vueltas, de 5,97 a 4,15. Leído así, parecía un movimiento menor. Pero detrás de ese saldo hubo un recambio mucho más grande: 4,61 millones lo abandonaron —casi todos para votar a Lula— mientras 2,79 millones que antes habían hecho otra cosa lo volvieron a llenar, entre ellos 1,68 millones de votantes de terceros.

Lo mismo ocurre con la participación. Los 2,96 millones de votantes adicionales son el saldo entre 3,67 millones que se sumaron y 0,71 millones que habían votado en primera vuelta y no volvieron. «Los saldos netos esconden movimientos brutos mucho mayores», resume el documento. Por eso la discusión pública, que trabajaba con totales, buscaba la clave en los terceros: era el único movimiento visible a simple vista.

El mapa del giro

Lula creció entre vueltas en los 27 estados y en el 97% de los municipios. El Sudeste explica el 43% del giro y el Nordeste, el 38%. São Paulo aportó por sí solo 1,4 millones: Flávio siguió ganando el estado, pero su ventaja bajó de 3,4 a 2 millones. Minas Gerais fue el único estado que cambió de ganador, y en Rio de Janeiro, donde se registró el mayor giro porcentual, la capital pasó a manos de Lula.

En total, 211 municipios pasaron a Lula y solo uno a Flávio: Uirapuru, en Goiás, con 2 mil votantes. Los que cambiaron a favor del presidente suman 8,3 millones de electores, y los que más pesan son capitales y periferias metropolitanas: Rio de Janeiro, Osasco, Ananindeua, Macapá, São Vicente, Ribeirão das Neves.

El contraste más nítido es entre el Brasil urbano y el del agro. Lula subió 3,1 puntos en las capitales y 3,6 en las grandes ciudades del interior, contra 2,5 en los municipios de las subregiones con más peso del crédito rural. Esos municipios reúnen el 24% del electorado, pero aportaron solo el 16% del giro. Flávio resistió donde el bolsonarismo tiene sus raíces más firmes.

Quién se movió

Cruzando los resultados con el Censo 2022 y datos del Banco Central, Episteme identificó en qué tipo de municipios creció más Lula a igual punto de partida: más urbanos, con más años de estudio y con más endeudamiento de consumo de las familias, y menos en los de mayor renta. Es, según el informe, un perfil compatible con el trabajador urbano de ingresos medios y endeudado, el mismo al que apuntaron dos propuestas centrales de la campaña oficialista: la renegociación de deudas y el fin de la escala laboral 6×1.

Tan reveladoras como lo que pesa son las variables que no pesan. La proporción de evangélicos —a menudo presentada como el gran clivaje de la política brasileña— explica dónde le va peor a Lula, pero casi no cambia cuánto creció entre vueltas una vez que se comparan municipios con el mismo voto previo. Lo mismo ocurre con el Bolsa Família.

2022 al revés

La comparación con la elección anterior termina de dimensionar el fenómeno. En 2026 Lula llegó al balotaje más débil que hace cuatro años: 45,2% en primera vuelta contra 48,4% en 2022, y menos en las cinco regiones. Terminó, sin embargo, con un resultado mejor (51,8% contra 50,9%) y duplicó su ventaja final, de 2,14 a 4,43 millones.

La diferencia está en la dinámica entre vueltas. En 2022, Jair Bolsonaro creció más que Lula entre el primer y el segundo domingo en los 27 estados. En 2026 ocurrió exactamente lo contrario: Lula le ganó terreno a su hijo en todos. Para Episteme, esa es la diferencia central entre los dos balotajes.

La lección de cara a 2027 en Argentina

La elección brasileña deja una enseñanza que excede a Brasil y que debería interesarle a cualquier comando de campaña argentino con 2027 en el horizonte. En un balotaje polarizado, el electorado del rival casi no se mueve —Lula y Flávio retuvieron 99 de cada 100 de sus votantes— y el de los terceros tiende a repartirse según sus afinidades previas. El margen real está en otro lugar: en quienes miraron la primera vuelta desde afuera, votando en blanco, anulando o quedándose en casa.

Lula no ganó porque convenció a los que dudaban entre él y su rival. Ganó porque consiguió que los que no querían elegir a ninguno de los dos terminaran eligiéndolo a él.