La falta de empleo y la caída de los ingresos empujan a jóvenes y adultos de Corrientes y Misiones a migrar de manera temporal para emplearse como peones rurales en las cosechas de uva y manzana en Rio Grande do Sul.
La crisis económica y la retracción del empleo formal en el norte argentino están generando un movimiento migratorio creciente hacia Brasil. En las últimas semanas, se multiplicaron las imágenes de largas filas de trabajadores en los puertos fluviales sobre el río Uruguay, desde donde cruzan diariamente en balsas para buscar oportunidades laborales en el país vecino.
Las localidades de San Javier, Alba Posse y El Soberbio se convirtieron en los principales puntos de salida. Desde allí parten hacia Rio Grande do Sul, donde las cosechas de uva y manzana atraviesan su pico de demanda de mano de obra. Los empleos, mayormente temporarios y rurales, ofrecen salarios en reales que resultan más atractivos frente a la pérdida de poder adquisitivo en Argentina.
Intendentes y referentes productivos de la zona advierten que el fenómeno no tiene precedentes recientes. La caída de actividades tradicionales, como la yerba mate y otras economías regionales, redujo las oportunidades laborales y empujó a muchos a buscar ingresos fuera del país. La disparidad cambiaria y la mayor rentabilidad del trabajo del otro lado de la frontera terminan de inclinar la balanza.
Aunque históricamente estos cruces se daban de manera estacional, ahora el flujo es más amplio y diverso. “Antes iban solamente personas jóvenes. Hoy se ven personas de 40 o 50 años que van a buscar trabajo a Brasil por la difícil situación económica”, explicó el periodista Freddy Frank, quien viene siguiendo la situación en la zona.
Para muchos, se trata de la primera experiencia laboral en el exterior y de una salida de emergencia ante la falta de empleo genuino. El paisaje de balsas repletas y filas interminables en los pasos fronterizos se transformó así en un nuevo síntoma de la crisis social que atraviesan las provincias del noreste.



