En medio del paro general y pese al rechazo social, Diputados aprobó la reforma impulsada por el Gobierno. El proyecto, que vuelve al Senado, fue señalado como un golpe a derechos laborales básicos.
La Cámara de Diputados de la Nación Argentina dio media sanción a la Reforma Laboral promovida por el presidente Javier Milei en una sesión extensa y atravesada por un paro nacional convocado por la CGT. Con 135 votos afirmativos y 115 negativos, el oficialismo consiguió avanzar con una norma que, más allá de los retoques de último momento, redefine el equilibrio entre empleadores y trabajadores.
La aprobación no fue solo responsabilidad del bloque libertario. Sin mayoría propia, La Libertad Avanza necesitó del acompañamiento del PRO, sectores de la UCR y diputados alineados a gobernadores peronistas para alcanzar el quorum y los votos necesarios.
Entre quienes facilitaron el tratamiento y acompañaron la votación se encuentran legisladores vinculados a Raul Jalil, Osvaldo Jalil y Claudio Vidal. Su respaldo resultó decisivo para que una reforma de fuerte impacto social avanzara en el recinto.
Aunque el oficialismo retiró uno de los artículos más controvertidos —que permitía recortes salariales durante licencias médicas prolongadas—, el núcleo del proyecto mantiene cambios que reducen indemnizaciones, amplían períodos de prueba y flexibilizan condiciones laborales. Para amplios sectores del mundo del trabajo, se trata de un retroceso que traslada riesgos y costos al trabajador en un contexto económico ya adverso.
El bloque de Unión por la Patria y la izquierda votaron en contra, pero la discusión excede la grieta partidaria: la ley fue posible por una mayoría transversal que incluyó oficialismo, aliados y representantes provinciales.
El proyecto vuelve ahora al Senado. Allí se definirá si el Congreso convierte en ley una reforma que, para muchos, consolida un cambio de paradigma laboral en detrimento de los derechos históricos de los trabajadores.



